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Antecedentes de las bacterias lácticas
A través de la historia, el hombre ha aprendido
diferentes formas de utilizar las bacterias lácticas, tradicionalmente las ha
empleado para elaborar algunos productos alimenticios fermentados, heredando por
generaciones la tecnología de la fermentación.
En 1857 las bacterias
lácticas fueron descubiertas por Louis Pasteur, en 1878 Lister reportó el
aislamiento de bacterias a partir de leche ácida, en 1889 Henry Tissier
descubrió especies de Bifidobacterium y Lactobacillus
acidophilus fue descubierto por Moro en 1900.
Hacia 1907, el
biólogo ruso Ely Metchnikoff, ganador en 1903 del premio Nóbel por su teoría de
los fagocitos, sugirió que el proceso de envejecimiento es el resultado de la
intoxicación putrefactiva crónica ocasionada por la flora intestinal, esto
basado en los descubrimientos en habitantes de algunas regiones de Bulgaria
quienes consumieron yogurt como parte de su dieta normal y que tuvieron una
longevidad notoria.
Metchnikoff propuso que la vida se prolongaba como
consecuencia del consumo de las bacterias lácticas del yogurt (Lactobacillus
bulgaricus y Streptococcus thermophilus) surgiendo así la teoría de
que las bacterias nocivas en el intestino pueden ser eliminadas por la acción de
estas bacterias. Esta teoría llamó la atención en aquellos días y popularizó el
consumo diario de yogurt entre los europeos de esa época. Sin embargo, estudios
posteriores demostraron que el Lactobacillus bulgaricus, que era
benéfico, moría al pasar por los jugos gástricos y no era capaz de sobrevivir en
el intestino. Aunque esta teoría se desechó, hubo investigaciones exhaustivas
sobre la flora intestinal. En 1921, Rettger y sus colaboradores demostraron que
las bacterias lácticas del yogurt – en las cuales Metchnikoff basó su hipótesis
– no son capaces de sobrevivir en el aparato digestivo.
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